Tanto la educación inclusiva como la diferenciación curricular comparten su interés por mo- dificar los
elementos del currículo para ajustar mejor
la respuesta a todos los
alumnos.
Casanova 51, al hablar
de la educación inclusiva, plantea
que flexibilizar el currículo im- plica modificar los propósitos u objetivos, competencias,
contenidos, estrategias metodoló- gicas y evaluación. Sin embargo,
en el modelo planteado por
Tomlinson 52,
centrado en la di-
ferenciación curricular, destaca la metodología y la evaluación como los elementos cruciales que nos van a permitir ajustar
la respuesta en un aula
normal.
¿Qué es la enseñanza diferenciada? Tomlinson 53 afirma que
en un aula
diferenciada, el docente
planifica proactivamente y lleva adelante diversos enfoques del contenido, el proceso y el producto
de la enseñanza, anticipándose y en respuesta a las diferencias de aptitud, interés
y necesidades de aprendizaje de los alumnos.
La enseñanza diferenciada, según Gregory y Hammerman 54, es una filosofía o un enfo- que de planificación estratégica de la enseñanza en un aula,
que satisface las necesidades de los
alumnos de las aulas de hoy en día. Permite
construir una base
de conocimiento significa- tivo
y preciso, desarrollar las habilidades necesarias para llegar a ser competentes científica y
tecnológicamente, y desarrollar actitudes que son valiosas para
la sociedad. La diferenciación no
es un conjunto de herramientas instructivas, sino una filosofía que un profesor
y una co- munidad de aprendizaje adoptan
para satisfacer las necesidades de cada estudiante. Requiere la planificación cuidadosa de las
lecciones para conseguir objetivos y metas
importantes e incluye una variedad de métodos y estrategias para
satisfacer las necesidades de los alumnos.
El aula se considera como una comunidad de aprendizaje en el que el profesor
y los alumnos comparten la responsabilidad de aprender y de trabajar
colaborativamente para
construir el conocimiento, desarrollar habilidades y actitudes. Permite
a los alumnos estar más implicados física y mentalmente en la creación de aprendizajes significativos y permite a los profesores facilitar y guiar el proceso de aprendizaje para
satisfacer mejor las
necesidades, intereses y niveles
de capacidad de los alumnos.
Este tipo
de aula es un ambiente
de aprendizaje activo.
Los objetivos de la enseñanza se plantean en función
de la evaluación, el feedback continuo, las necesidades de los alumnos, la disposición para el aprendizaje, los perfiles de aprendizaje y los contextos culturales (de procedencia de los alumnos).
En este
sentido, la enseñanza puede implicar el diseño de actividades para
todo el grupo- clase, para pequeños grupos
o alumnos individuales, para que trabajen en una variedad
de formas para aprender
conceptos y habilidades importantes. El rol del profesor
pasa de ser transmisor del conocimiento a ser guía y facilitador del aprendizaje, interactuando con los alumnos y mediando
para que adquieran los conocimientos y las habilidades.
51 Ibidem.
52 C. Tomlinson, Estrategias para trabajar con la diversidad en el aula. Buenos Aires,
Paidós, 2005.
53 Ibid.,
p. 25.
54 G. H. Gregory / E. Hammerman, Differentiated Instructional Strategies for Sciencie, Grades K-8. USA, Corwin Press,
2008.
Ángeles Bueno Villaverde
Para Tomlinson
y McTighe 55, la enseñanza diferenciada es predominantemente (aunque no solo) un modelo
de diseño de la instrucción, centrado en el «a quién enseñar», «dónde enseñar» y «cómo enseñar», mientas
que hay otros enfoques complementarios con la diferen- ciación, como es el modelo
de «comprensión por diseño» (understanding by dessign), que son más bien un modelo
de diseño del currículo centrado
en el «qué» y «cómo
enseñar».
Al utilizar
el concepto de diferenciación curricular reiteradamente en este capítulo, pre- tendemos ajustarnos al concepto original
que se suele
usar en la literatura anglosajona de differentiated curriculum o differentiated instruction, que es el título de libros de destacados au- tores de esta corriente educativa como son Carol Tomlinson, Gayle
H. Gregory, Joan d’Amico,
Kate
Gallaway, Mac Leod, etc.
El concepto
de diversificación curricular por el que se han traducido al castellano algu- nas de las obras
de este enfoque,
topa con el nombre con
el que se designa al «programa de diversificación curricular», específico para alumnos de Secundaria Obligatoria. Este programa supone la mayor modificación curricular, sin cambiar
los objetivos, que puede darse
en la educación obligatoria y se dirige
al alumnado con dificultades generalizadas en el aprendiza- je, cuando se prevé
que, de seguir
el currículo ordinario, no va a conseguir las competencias
previstas para el final de etapa. En este programa
se organiza la enseñanza en torno a dos ám- bitos (el lingüístico-social y el científico-tecnológico) y en grupo
reducido, no más de quince alumnos 56.
La diferencia entre
los programas de diversificación curricular y la enseñanza diferen- ciada, a pesar
de que comparten el principio de ser una educación comprensiva, radica, sin
embargo, en que los programas de diversificación son,
en su esencia, una agrupación homo- génea, mientras
que la enseñanza diferenciada tiene como principio manejar grupos hetero- géneos.
La diferenciación curricular a veces se confunde con el movimiento de la enseñanza individualizada o personalizada, porque
comparten la idea
de que los alumnos tienen
perfiles distintos y necesitan respuestas variadas. En la enseñanza personalizada se programaba para cada uno de los alumnos, partiendo de su nivel
exacto, ofreciéndoles actividades distintas. Sin
embargo, la enseñanza diferenciada, ofrece varias alternativas para el aprendizaje pero no un programa distinto para cada alumno.
Tampoco hay que confundirlo con la corriente
que pretende dar un currículo
distinto según el género,
es decir, diferenciar en su educación a niños y niñas destacando lo que tie- nen de distinto en su forma
de procesar la información, organizarse, relacionarse, etc. En la
enseñanza diferenciada, tal cual aquí
se concibe, el género no es el único elemento por el que se puede
diversificar y atender
a las necesidades. Hay muchos
elementos por los que somos diferentes.
Para evitar
confusiones entre conceptos (programas de diversificación, enseñanza perso- nalizada, etc.) y con la intención de darle a este enfoque
la relevancia que tiene, es por lo que
se ha traducido literalmente como
«diferenciación curricular» o «enseñanza diferenciada».
55 C. Tomlinson / J. McTighe, Integrating Differentiated instruction and Understanding by dessign. Alexandria, ASCD, 2006.
56 Mª. C. Casanova Rodríguez / M. A. Cabra de Luna, Educación y personas con discapacidad: Presente y futuro. Madrid, Fundación ONCE,
2009.
La diferenciación curricular desde una perspectiva de inclusión
a) La enseñanza diferenciada
con alumnos de habilidades diversas
En un aula donde
se dan respuestas poco diferenciadas, solo lo común,
lo similar entre
los estudiantes es el foco de atención alrededor del cual gira
la enseñanza. Hemos
vivido muchas clases en la que se dicta
la misma lección
a todo el grupo, todos
hacen los mismos
ejercicios en el colegio
o similares deberes
para casa y finalmente se evalúa con la misma
prueba. Sin embargo, cuando
se hace una diferenciación en la enseñanza, no solo lo común sino
también las características peculiares y distintivas de los alumnos
se convierten en aspectos importan- tes para
organizar la enseñanza de forma efectiva.
La enseñanza
diferenciada permite realizar agrupamientos homogéneos, que irán cam- biando en función de las necesidades y del criterio para organizarlos pero
siempre dentro de la heterogeneidad que conforma el aula. En este sentido, recuerda a un aula unitaria, en la que alumnos de distintos cursos comparten el mismo espacio
y tiempo. En estas aulas
el profesor programa lo que van a aprender
sus alumnos y las tareas
que ellos han de hacer;
no se centra en él, en programar lo que él va a enseñar.
Los descubrimientos de la psicología cognitiva y social
y el estudio de las mejores prácti- cas docentes, nos permiten
establecer algunos de los principios que describen las aulas efica- ces. Estas
aulas se caracterizan por los siguientes puntos:
El conocimiento está organizado con claridad y firmeza, los alumnos participan acti- vamente en el proceso de aprendizaje, las evaluaciones son significativas y variadas,
y tienen una
sensación de seguridad y conexión 57.
Se proponen
desafíos moderados (ajustados a su nivel),
que permiten avanzar
sin obtener el éxito
fácil ni fracasos
reiterados que bloqueen. Los alumnos que fracasan
reiteradamente, pierden
la motivación por aprender. Los que obtienen
resultados sa- tisfactorios con demasiada facilidad
pierden el estímulo
que necesitan. Pero también
hay que tener en cuenta, que
lo que hoy
es un reto moderado, mañana
puede que no dé el mismo juego.
El aprendizaje impulsa al estudiante más allá de su nivel
independiente. Un aula efi-
caz es aquella en la que se impulsa al alumno a realizar actividades por encima y más
allá de sus posibilidades.
La motivación aumenta cuando sentimos
pasión por lo que hacemos.
Las aulas en las que no tienen estas características, no atienden
realmente a las múl-
tiples realidades de aprendizaje que existen en un aula. Como todos bien sabemos, una clase está formada por un grupo muy diverso de alumnos
y para atender a sus necesidades hay que comprenderlas. El aula diferenciada puede
cubrir las necesidades
tanto de los alumnos con dificultades que necesitan
apoyo y refuerzo educativo
como de los alumnos
aventajados.
En este
documento nos interesa
precisar la respuesta de aquellos alumnos
del extremo superior, por eso
a continuación, nos
centraremos en ellos.
Ángeles Bueno Villaverde
b) Comprender las necesidades de los estudiantes adelantados
Una de las aspiraciones para todos es llegar al máximo de sus propias
posibilidades. Los alum- nos con altas capacidades solo llegan a ser lo que su potencial predice
si se les ayuda de forma
asidua en la dirección que sus habilidades particulares sugieren 58. Y uno de los problemas
con los alumnos aventajados es que no siempre llegan
al máximo de su potencial por diversas razones.
Autores como
Butler-Por, Fine y Pitts 59 aportan los
conceptos de rendimiento suficiente y satisfactorio, que
ayudan a comprender la actuación escolar
de los alumnos
con altas capa- cidades. Para ellos, el bajo rendimiento académico se produce
no solo cuando
estos alumnos no alcanzan los objetivos educativos establecidos, sino también
cuando rinden significativa- mente por debajo
de su capacidad o potencial.
Así, el rendimiento suficiente sería la medida
de la aptitud pedagógica evaluada
median- te las calificaciones académicas. Es decir,
cuando supera los objetivos establecidos para el ni- vel.
Sin embargo, el rendimiento satisfactorio es la medida
de su aptitud pedagógica, tomando como marco de referencia su capacidad intelectual. En este caso,
el punto de referencia no es
externo
(como en el primer caso),
sino interno, uno
mismo.
Según Pérez
y Lorente 60,
hay una serie
de rasgos psicológicos asociados a alumnos
con altas capacidades que, si no se encauzan, pueden
causar fracaso escolar
o bajo logro:
Temor al
fracaso: las altas
expectativas puestas sobre
ellos por sus padres, profeso- res… se convierten, a veces, en sus propias
metas. El miedo
a no llegar, a ser juzgados,
puede llegar a paralizarlos y causar un rendimiento no satisfactorio con
sus posibili- dades. También
pueden quedarse atrapados en el éxito,
pensando que ser felicitados
es más importante que asumir
riesgos intelectuales que les puedan
hacer perder.
Temor al éxito: esta
característica se suele
producir más en las niñas,
sobre todo ado- lescentes, que enmascaran su capacidad rindiendo por debajo de sus posibilidades, porque el éxito social
entra en conflicto con lo que se espera
de ellas en su ambiente
y cultura.
Perfeccionismo: el deseo excesivo de buscar la perfección puede
provocar una exce- siva preocupación, que los
lleve a eludir
el compromiso, a no aprender a encajar el fracaso y en ocasiones desarrollar una intensa
ansiedad.
Locus de
control: se refiere a las causas
(internas o externas) a las que
la persona con altas capacidades atribuya
su éxito o fracaso. Cuando
el locus es
interno, los resultados se atribuyen a la capacidad, esfuerzo, constancia…, cuando
es externo se atribuyen a la
suerte, la dificultad de la tarea…
Se ha constatado que en los casos
de alta capacidad con bajo rendimiento la atribución era externa.
Autopercepción: en contra de lo que se podría
pensar, algunos estudios
han demos- trado que el autoconcepto de sí mismo
de niños con altas capacidades es a veces
bajo,
58 C. A. Tomlinson, «Quality Curriculum and Instruction for Highly Able Students», en Theory into practice 44/2 (2006),
pp. 160-166.
59 Citados por L. F. Pérez Sánchez, Alumnos con capacidad superior. Experiencias de intervención educativa. Madrid, Síntesis, 2006.
60 L. Pérez / R. Lorente, «Fracaso escolar en niños y jóvenes con capacidad superior», en L. F. Pérez Sánchez, o. c.
La diferenciación curricular desde una perspectiva de inclusión
atribuyéndose estas
puntuaciones a la diferencia entre
las aspiraciones que
ellos mis- mos se establecen y que no se ajustan
a la realidad, derivando esta discrepancia en sentimientos
de frustración.
Otra característica, señalada por otros
autores, es la pereza: pueden
volverse pere- zosos mentalmente, aunque les vaya
bien en la escuela. Pero
el problema es que el cerebro pierde capacidad, si no se ejercita. Es como los
músculos de un deportista: si no se entrena, no rinde.
Pueden no adquirir destreza para estudiar y salir adelante. Atravesar la vida
escolar con éxito pero sin esfuerzo, es no prepararse para la vida,
pues el éxito
se debe a la
perseverancia, el trabajo duro
y el riesgo.
Teniendo en cuenta estos
problemas tendríamos que seguir unos
principios para orien- tar el crecimiento de estos estudiantes:
Elevar las expectativas, para
que compitan con sus propias
posibilidades más que con
criterios
externos a ellos
(estándares medios de la clase).
Dejar claro lo que es la excelencia.
Reforzar el sistema de apoyo para que el
alumno pueda conseguir sus metas.
Equilibrar el rigor y el placer
en el aprendizaje. Si no gusta lo que se hace, se pierde la motivación, pero si solo
se encuentra placer
y no hay rigor en lo que se hace,
tampoco se avanza académicamente.
2.
La enseñanza
diferenciada. Estrategias para trabajar con la diversidad en el aula
Si preguntáramos a los docentes que
diferencian el currículo 61 o
realizan programación múl- tiple 62 cuál es su función, no nos dirían
que es la de transmitir el conocimiento, sino
la de
organizar oportunidades de aprendizaje. El profesor coordina
el tiempo, el espacio, los materiales y actividades. Los estudiantes son quienes trabajan
para conseguir los objetivos
individuales y de grupo. En este sentido, el profesor es como un entrenador de fútbol: él no
corre, pero hace que los jugadores se muevan de forma estratégica para meter goles.
Estos docentes se centran
en:
Diagnosticar la aptitud del estudiante a
través de una variedad de medios. Considerar
los estilos de aprendizaje de los estudiantes a la hora
de programar.
Interpretar los indicios que da el alumno acerca de sus intereses y preferencias en materia
de aprendizaje.
Hacerles participar en el tema
mediante preguntas dirigidas a niveles diferentes de razonamiento (por ejemplo, utilizando la taxonomía de Bloom)
Crear una diversidad de formas, en que los
estudiantes puedan explorar e «internali- zar» ideas.
61 C. A. Tomlinson, Estrategias para trabajar con la diversidad en el aula, o. c.; Id., El aula diversificada. Dar propuestas a las necesidades de todos los estudiantes. Barcelona,
Octaedro, 2008.
62 P. Pujolás, El aprendizaje
cooperativo. Nueve ideas clave.
Barcelona, Grao, 2008.
Ángeles Bueno Villaverde
Presentar distintos canales a través
de los cuales los alumnos
expresen y amplíen
sus conocimientos.
Aceptar que todas estas maneras, aunque
distintas, tienen el mismo valor.
Reconocer, por parte de los profesores y profesoras, que deberán ajustar
sus expecta- tivas con relación a algunos alumnos.
Evaluar a los alumnos teniendo en cuenta
sus diferencias individuales 63.
En las
aulas diversificadas eficaces no siempre
se está diferenciando. Hay momentos en los que
la instrucción común a toda la clase
es la actividad principal. Hay que modificar
el currículo cuando se haya observado
que un alumno lo necesita
y cuando estamos
convencidos que diver- sificando se conseguirá una mejor comprensión de ideas
importantes y habilidades 64.
En general,
para diferenciar la enseñanza hay que partir
de las condiciones en las que los alumnos aprenden mejor,
es decir, de las mejores
prácticas educativas y posteriormente tener en cuenta
las necesidades que
hay entre los alumnos.
En el caso de aulas con
alumnos con altas
capacidades la diferenciación de su currículo puede hacerse mediante
las estrategias de aceleración, enriquecimiento curricular, activida- des de enriquecimiento puntuales, o clases
enriquecidas 65.
a) Ambientes docentes que
apoyan la diversificación: manejar una aula diferenciada
El funcionamiento adecuado de un aula
está en función
de tres aspectos, que podríamos re- presentar con un triángulo, en cuyos vértices
se encuentran: el profesor, el alumno y la ma- teria. La habilidad con la que
se manejen estos
tres elementos hará
que el resultado sea más exitoso.
Figura 1. Aspectos que determinan el buen funcionamiento del
aula.
El profesor
Los alumnos El contenido
Aunque el liderazgo debe
ser compartido con los alumnos, el profesor va a estar
siempre en la cima
de este triángulo, es el líder,
el responsable último
del funcionamiento del aula. Y, para ejercer
como líder, ha de estar
seguro de sí mismo (ha de gustarse) para crear un ambien-
63 Adaptado de C. A. Tomlinson, Estrategias…, o. c., p. 42 y de P. Pujolás, o. c., p.93.
64 C. A. Tomlinson, El aula diversificada, o. c.
65 J. L. Castejón Costa / L. Navas, Unas bases psicopedagógicas de la educación especial. Alicante, Editorial Club Universitario, 2008.
La diferenciación curricular desde una perspectiva de inclusión
te de aceptación y afirmación entre
sí y los estudiantes. Un profesor seguro
de sí mismo se siente cómodo
en la ambigüedad de saber
que cada día
tiene algo que
aprender (de sus
alum- nos, de la manera cómo aprenden…), sabe
que no es más importante estar en lo cierto como ser
flexible, no es tan importante saber todas las
respuestas como estar
siempre en busca
de ellas, sabe que se puede
equivocar, pero también
sabe que él es el responsable de analizar la situación y evitar el error.
El segundo
ángulo es el de los
alumnos. ¿Qué necesitan para crecer como
estudiantes? Si hacemos memoria
del profesor que recordamos toda nuestra vida,
porque realmente nos ayudó a crecer, ¿qué
hacía con nosotros como alumnos? Probablemente ese profesor creó
una clase como quien
crea una familia, haciendo que todos
los miembros del
grupo se sintieran acogidos y reconocidos (con sus características individuales y diferentes de los demás),
consi- guiendo sacar
un momento para escuchar y atender a todos en sus necesidades, haciendo que cada
uno dé lo mejor de sí para
sí mismo y para el grupo, haciendo que se aspire
a altas metas, creando un ambiente de acción, alegría
y paz, en el que cada uno
emplee sus capacidades, tenga el control de su vida
y aprendizaje y comprenda con
coherencia y eficacia el sentido de las
cosas (haciendo que una persona
reproduzca información en un test es difícil
que retenga y use información).
El tercer
ángulo es el de los
contenidos. El aprendizaje no es la acumulación de datos.
Decimos que hemos aprendido cuando
podemos dar respuesta a preguntas esenciales que nos hacemos. Vivimos
tratando de dar sentido a la vida,
al sufrimiento, cómo
debemos rela- cionarnos con
los demás, por qué estamos
aquí. Si por algo son importantes la historia, las matemáticas, las lenguas y las ciencias
es porque nos aportan visiones
distintas de una misma
realidad,
dándonos repuestas a nuestras cuestiones.
Como consecuencia de lo anterior, los contenidos de un
aula saludable son:
relevantes para
los estudiantes, pues
se presentan como
algo personal y cercano, que está relacionado con el mundo;
ayudan a que los alumnos se comprendan
mejor a sí mismos y sus vidas;
son auténticos, porque les plantea
matemáticas o historia que son reales,
no simples ejercicios;
pueden
usarse inmediatamente para algo que tenga significado; consiguen que los aprendices sean
más capaces, ahora
y en el futuro 66.
Hay una serie de estrategias que a continuación vamos a presentar y que ayudan
a ini- ciarse en la diferenciación. Si uno se siente inseguro de afrontar la tarea de forma global
o de cambiar totalmente, sí puede ir dando pasos
que favorezcan esa diferenciación en el aula. Algunos de esos pasos
son:
Diferenciar la enseñanza en función de las aptitudes, intereses y perfiles de los estu- diantes. Más adelante veremos
este punto con más detalle. Si se consigue hacer que los alumnos
y los padres entiendan y acepten esta concepción del aula, será más fácil que apoyen
y colaboren.
Empezar a diferenciar a un ritmo cómodo. Hay una serie de estrategias que son más
sencillas de llevar a cabo que otras. Se puede empezar
por ellas, para poco
a poco ir ga-
66 C. A. Tomlinson, El aula diversificada, o. c.
Ángeles Bueno Villaverde
nando confianza y
atreverse con otras de mayor complejidad. Algunas de las estrategias
más sencillas son la elección
de libros (atendiendo a los niveles, intereses… de nuestros alumnos), los
compañeros de lectura,
ritmo variado con opciones
de anclaje, fijación
de metas entre alumnos y docente,
disposición flexible de los pupitres, materiales comple- mentarios
variados, etc. Entre las estrategias
de diferenciación complejas destacan
los estudios independientes, contratos de
aprendizaje, opciones para inteligencias múlti-
ples, condensación, ortografía según aptitud, organizadores gráficos variados, centros
de interés, agendas
personales, simulaciones, aprendizaje basado en problemas, etc.
Manejo del tiempo atendiendo a las características del alumnado. Con relación a la
duración de las actividades hay que tener
en cuenta dos cosas: por un lado,
que las actividades diseñadas requieran un tiempo
algo más breve
que el lapso
de atención de los
alumnos a quienes
va dirigida y, por otro lado,
que los alumnos
aventajados suelen tener lapsos de atención prolongados.
Plantear alguna
actividad que le sirva de comodín o «anclaje», que deje al profesor
tiempo libre para atender a sus alumnos.
Hay actividades que pueden servir como
anclaje para que la mitad
de nuestros alumnos
las realicen en silencio, mientras aten- demos a la otra mitad haciendo
una actividad diseñada
específicamente para ellos.
Al- gunas de estas
actividades de anclaje
pueden ser leer,
escribir, organizar un portafolio
y hacer ejercicios (ortografía, cálculo, problemas matemáticas o vocabulario).
Transmitir instrucciones de forma clara.
Dar instrucciones complejas a toda la clase
puede llegar
a ser bastante confuso. Una alternativa es entregarles fichas
con los pasos a seguir en función de los grupos
y las tareas, o explicar las instrucciones a los respon- sables de los grupos
para que a su vez éstos las transmitan.
Asignar los
estudiantes a los
grupos o áreas
de trabajo de forma ágil.
En vez de asig-
narles de viva voz dónde
tienen que ir, es más fácil
hacer carteles con los nombres
y las áreas o grupos de trabajo o, para los más pequeños, tableros para pegar
tarjetas con sus nombres. Así ellos ven dónde tienen
que ir y lo pueden
hacer de forma
más organizada y silenciosa.
Establecer funciones de tutor entre
compañeros. De esta
forma, el profesor
se asegura que
los alumnos se pueden ayudar
entre sí, cuando
está ocupado con otro alumno
o grupo. Los estudiantes siempre podrán pedir
ayuda a un compañero «experto», que puede ejercer las funciones de tutor de iguales ayudando
a resolver los problemas
planteados. Puede haber expertos
en distintas tareas,
que se encarguen de corregir
fi- chas antes
de depositarlas en la bandeja
del profesor y, si no están
bien, devolverlas al alumno para que las rehaga… Los
alumnos deben saber
que nunca está
bien limitarse a esperar a que le ayuden o interrumpir a otros.
Reducir el ruido al mínimo. En un buen
ambiente de trabajo
y concentración hay
si- lencio; por tanto,
enseñe a los alumnos a susurrar, encargando a un compañero
de grupo que mantenga bajo
el nivel de voz de los demás.
Utilizar mobiliario
que permita organizar diferentes agrupaciones. Como los alumnos se
van a agrupar individualmente, en pequeños o grandes grupos,
es necesario que puedan reacomodar las mesas
y sillas con rapidez y sin mucho
ruido, para lo cual se puede tener
un plano con las tres
o cuatro disposiciones del aula que vamos a usar
habitualmente.
La diferenciación curricular desde una perspectiva de inclusión
Establecer normas.
Una de ellas
hará referencia al nivel de movimiento permitido en el aula con el fin de evitar el movimiento «errático».
Indicar de forma clara
qué significa estar
concentrado y manejar
adecuadamente el tiempo. Puede
llevar una lista
de control en la que se vayan
marcando los alumnos que van controlando su tiempo y permanecen atentos
a la tarea. De esta manera, le permite tomar decisiones sobre
cambiar a un alumno de sitio o ver si es que la tarea
le resulta demasiado complicada.
Tener un plan alternativo para los que terminan pronto
y bien. A estos alumnos
la ta- rea no les resulta
un desafío. No acepte tareas
entregadas pronto pero
que no cumplan todos los requisitos de calidad establecidos y hágales reflexionar sobre qué aspectos de la tarea entregada están bien realizados y pensados.
Avisar con antelación de cuándo finalizan los plazos y establecer alguna
alternativa para que realmente lo acaben (tareas
para casa, contrato
de aprendizaje, tareas
de anclaje alternativas para sacar
más tiempo)
Responsabilizarse del propio aprendizaje es un objetivo
importante, pues les hace más
independientes a largo
plazo y facilita el manejo del
aula a corto
(organizando el aula, controlando sus propios progresos…)
Conversar con los alumnos
sobre la organización del aula y procesos que se llevan
a cabo. Esto les permite comprender qué es lo que espera
de ellos y los fundamentos en los que se basa
67.
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