viernes, 31 de mayo de 2019

PADRES Y TDHA

Psicoeducación para padres en el TDAH

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La psicoeducación para padres en el TDAH emerge de la necesidad clínica de dotar a la familia de herramientas que le permitan ser más proactivo en la comprensión, abordaje y tratamiento del trastorno. De esta forma se busca aliviar la carga emocional y disminuir el nivel de ansiedad, así como facilitar una intervención dirigida y eficaz en el TDAH.

¿Qué es la psicoeducación para padres en el TDAH?

La psicoeducación para padres en el TDAH es un formato de enseñanza que tiene como objetivo ayudar en el proceso de adaptación que supone la aceptación del diagnóstico de TDAH en un hijo. Supone asumir nuevos retos y enfrentarse a situaciones que quedan fuera de control, generando un marcado nivel de ansiedad. En ese momento la palabra se superpone a la persona y crea una realidad que ya estaba presente y, que al quedar al descubierto, toma entidad propia para entrar en la vida sin invitación.
Es por tanto, el paso previo a cualquier tratamiento o intervención terapéutica, donde se asientan las bases y se establece la línea de salida para alcanzar las metas terapéuticas.
Como profesionales, nuestro papel es garantizar que los niños reciban un tratamiento personalizado e individualizado, adaptado a sus necesidades, y diseñar un plan de intervención psicoeducativo para padres, que les permita una mejor comprensión y gestión de las situaciones.

¿En qué consiste el programa psicoeducativo?

Las orientaciones psicoeducativas que se proponen a continuación incluyen dimensiones relativas a la información/educación, conductuales y cognitivas que son respaldadas por los procedimientos más vigentes en materia de TDAH.


Psicoeducación informativa

La psicoeducación informativa constituye la primera parte de la intervención y consiste en sesiones grupales dirigidas a proporcionar un mejor conocimiento de todos los aspectos que engloba la patología del TDAH y que tiene la siguiente estructura:

  1. Qué es el TDAH: donde se explica en qué consiste el trastorno, sus características, síntomas, causas y factores asociados.
  2. Diagnóstico del TDAH: cómo se lleva a cabo, que pruebas nos pueden ayudar y orientar en su elaboración. Comorbilidad.
  3. Tratamiento del TDAH: Tratamiento farmacológico y psicoterapéutico. Beneficios de los mismos. Manejo y abordaje en el medio familiar.
  4. El TDAH y la escuela: el TDAH en el ámbito escolar y como se puede intervenir desde los centros educativos.

Es una etapa breve del proyecto en la que se prioriza la transmisión de información acerca de la enfermedad. Tiene una eficacia limitada, pero permite acceder al conocimiento para modificar actitudes y conductas que se pueden trabajar posteriormente.

Psicoeducación conductual

La psicoeducación conductual, es la segunda parte de la intervención y consiste en, mediante estrategias efectivas (manejo de contingencias, técnicas de modelado, refuerzos, economías de fichas, extinciones, tiempos fuera, estímulo-conducta, etc.) de abordaje grupal e individual sobre la conducta problema, que permitan un funcionamiento adaptado y eficaz en el medio familiar; y que está supervisado por un profesional. De igual forma se contribuye a gestionar el desbordamiento emocional que sufre la familia en el manejo cotidiano de estas situaciones.
Se trabaja sobre casos prácticos que llevan los participantes al grupo, de una situación problema, creando una discusión sobre las intervenciones llevadas a cabo y qué corrección debe realizarse para que sea una actuación eficaz y terapéutica.
Por ejemplo, si el menor actúa diciendo las cosas a gritos y le regañamos gritando, estamos manteniendo la conducta problema con el ejemplo de nuestra intervención, ya que ejercemos influencia como modelos en el aprendizaje de comportamientos. Sin embargo, si al señalar la conducta problema, mantenemos un aire calmado, sereno pero firme y sin crispación, favorecemos la imitación siendo firmes ante la petición de una conducta adecuada.

Beneficios de la psicoeducación para padres en el TDAH

La psicoeducación para padres en el TDAH induce cambios en los padres tras recibir asesoramiento y entrenamiento por parte de un terapeuta especialista en TDAH.
Genera un mejor conocimiento de la patología y permite un abordaje funcional, con pautas de manejo y resolución de situaciones de conflicto de forma productiva, ya que se llevan a cabo de forma coordinada y complementaria.
En este proceso es importante el intercambio de información y experiencias compartidas entre los padres que participan, de forma que se sienten apoyados y supervisados para llevar a cabo una intervención adecuada.
Se observa que disminuyen las problemáticas en todas las áreas analizadas, mejorando de forma significativa las conductas problema tanto en el contexto familiar como en el escolar.

MITOS SOBRE EL TDHA

El TDAH no existe y otras falsas creencias

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Si hay una patología de la salud mental que soporta un gran número de prejuicios, esa es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). No es de extrañar, si tenemos en cuenta que, hasta no hace demasiado tiempo, a los menores que no paraban quietos en las aulas se les “trataba” atándolos a la silla.

El TDAH no existe

Uno de los mitos más extendidos es que el TDAH no existe. Si bien es cierto que el concepto de TDAH es relativamente novedoso (Lange et al., 2010), la existencia de niñ@s hiperactivos, impulsivos, y/o con problemas de atención es trazable en la literatura científica desde el siglo XIX. Además, la similitud de las descripciones “clásicas” con las de la actualidad sustenta la coherencia diagnóstica del TDAH. La primera descripción de un cuadro que hoy diagnosticaríamos como un TDAH fue realizada por Sir Alexander Chrichton en 1798. Este autor ya insistía en la falta de constancia e incapacidad para atender de los niñ@s que lo padecían. El “padre” del TDAH, el pediatra británico Sir George Frederic Still (1868–1941) fue el primero en señalar la proporción 3:1 (hombres: mujeres) que seguimos observando hoy en día, a pesar de los cambios sociales y culturales acaecidos. En 1932, Hans Pollnow (1902–1943) y Franz Kramer (1878–1967) realizaron descripciones de niños “hiperquinéticos” similares a las de la actualidad (Lange et al., 2010). Por ejemplo, señalaban sus dificultades en actividades que requieren de un esfuerzo sostenido, lo que limitaba su rendimiento académico y el potencial de su inteligencia real. Pero también objetivaban que estos niños podían concentrarse en ocasiones en algunas actividades de su interés. Es por ello que los menores con TDAH pueden pasarse horas jugando a la Play.
Finalmente, hay razones históricas que justifican que al TDAH no se le haya dado relevancia hasta hace relativamente poco tiempo. Si uno piensa en cuales eran las condiciones de vida a finales del siglo XIX o principios del XX, es razonable pensar que el hecho de que hubiera algunos chavales algo más inquietos no captara la atención de los “padres” de lo que hoy llamamos Psiquiatría. Estaban, efectivamente, ocupados en explicar desórdenes de salud mental de mayor gravedad que el TDAH, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar. Por lo tanto, el TDAH no es una enfermedad creada. Ni siquiera se trata de un proceso de medicalización.
Por otra parte, resulta cuanto menos curioso lo que sucede con un primo-hermano del TDAH, la dislexia. ¿Alguien piensa que la dislexia no es una enfermedad? ¿Alguien piensa que las personas con dislexia escriben un 5 cuando quieren escribir un 2 adrede? ¿Verdad que no? Pues lo mismo sucede con el TDAH. El niño con TDAH no mueve las piernas o se contorsiona en el asiento o se muerde las uñas porque quiera hacerlo o molestar a alguien. Lo hace, porque es lo que su cerebro le dice que haga. Nadie niega a la dislexia como entidad clínica ni se cuestiona que su tratamiento de elección sea la logopedia. Sin embargo existe la creencia de que el TDAH no existe. Pero, ¿por qué?

El TDAH es un problema de educación

Otro de los mitos más extendidos es que el TDAH es un problema de educación. Nada más lejos de la realidad. Los menores con TDAH no se hacen, nacen: el TDAH se hereda. En consulta, los padres refieren que sus hijos con TDAH siempre fueron “diferentes”. Nos cuentan que, eran niños que dormían peor, más irritables, y que parecían despistados o tenían más rabietas “de lo normal”. En la guardería, esos niños tenían baja tolerancia a la frustración y usaban la agresividad más frecuentemente con sus iguales para resolver los conflictos. En ocasiones les costaba más aguantar el pis y también podían tener dificultades para leer y escribir. Otros tenían tics. Otros eran oposicionistas y otros mostraban rasgos Asperger, y síntomas obsesivos. ¿Cómo explicar esta elevada comorbilidad con trastornos de índole claramente biológico? ¿Acaso hay alguien que también piense que el Asperger, la enuresis, la dislexia, o el trastorno obsesivo-compulsivo son producidos por una mala educación? De hecho, los padres resumen habitualmente este componente hereditario con la siguiente frase lapidaria: “yo era igual que él de pequeño”.
Así, si el TDAH es un trastorno básicamente heredado, como lo es el color de los ojos o la estatura, ¿qué pensarán sus padres, cuando alguien les diga, que el TDAH es una invención? ¿Qué pensarán de aquellos profesionales que les digan que lo que necesitan sus hijos es, simplemente, jugar más tiempo en los parques? A los padres, se les suele culpabilizar –“no lo sabéis educar”- de manera gratuita demasiadas veces, bien en el entorno educativo, bien en el familiar. Es cierto que los patrones desadaptativos educativos existen en numerosas ocasiones, pero en la inmensa mayoría de los casos, estos patrones son secundarios al TDAH, no la causa. Además de ser injusto y falso que el TDAH sea por un problema de educación, esta dinámica culpabilizadora sobre los padres no hace sino agravar el problema, al retardarse la aplicación de un tratamiento correcto. Asimismo, siempre hay que tener en mente que alguno de los padres podría también tener TDAH o síntomas residuales del mismo. De hecho, muchos padres se “auto-diagnostican” en consulta. A algunos les ayuda a reconciliarse con algunos eventos de sus propias vidas. Al menos, saben porqué eran incapaces –y muchas veces, siguen siendo incapaces- de leer el periódico o una novela sin saltar de párrafo….. o por qué tenían tantas caídas cuando eran pequeños…. o porque se portaban “mal” sin ser malos, simplemente “porque es lo que me dice mi cerebrito que haga”.

El TDAH está de moda

Otro de los prejuicios más extendidos es que el TDAH está de moda. Sin embargo, en un estudio que publicamos en el 2013 (Garcia-Nieto et al., 2013), demostramos que en los últimos 20 años de asistencia psiquiátrica en la Comunidad de Madrid (CAM), el porcentaje de menores que eran tratados por TDAH tanto por los psicólogos clínicos como por los psiquiatras, era de un 2% aproximadamente, una cifra incluso alejada de la prevalencia del 5% a nivel mundial señalada en el metaanálisis de Polanczyk (Polanczyk et al., 2007). Es decir, los datos de la CAM no sólo sugerían un sobrediagnóstico, sino todo lo contrario, el infradiagnóstico. En otras palabras, es posible que muchos menores con TDAH aún sigan sin estar bien diagnosticados y, por lo tanto, adecuadamente tratados.

Los niños con TDAH son vagos

Por otra parte, la inmensa mayoría de los niños con TDAH no son vagos. Para desmontar este prejuicio, quizás sea más sencillo explicar lo que sucede con la dislexia. Parece obvio que, para las personas con dislexia, resulta más difícil leer y escribir correctamente. Y así es. ¿Qué es lo esperable, respecto al estudio, que por definición requiere de concentración y de atención, en una persona que tiene problemas precisamente en esas áreas? Pues lo mismo. Los menores con TDAH no es que sean vagos. Simplemente, les cuesta o no pueden estudiar. Esos niños “vagos”, cuando se les pone un tratamiento adecuado, que puede incluir el tratamiento farmacológico, la psicoeducación, la psicoterapia, y la generación de unos mínimos hábitos de estudio, empiezan a sacar unas notas académicas acorde a su potencial. Donde había un niño “vago”, muchas veces, lo que nos encontramos entonces es, un niño de sobresaliente. De hecho, he tenido casos de niños suspendiendo 9 asignaturas que, dos o tres meses después, con un correcto tratamiento, estaban sacando sólo notables y sobresalientes…. En muchos casos son menores que simplemente no pueden desplegar todo su potencial cognitivo. Recuerdo el caso de un niño al que, antes de iniciar el tratamiento se le había realizado un coeficiente intelectual (CI), y éste era de 92. Se le repitió la prueba pocos meses después, estando correctamente tratado para su TDAH. Su CI real era de 138. Era un niño superdotado que estaba suspendiendo varias asignaturas y graves dificultades de adaptación y socialización en el medio escolar y en su barrio. 

A continuación, puede ver algunos mitos y realidades más del TDAH.

Es una enfermedad “nueva” creada en los EE.UU (está de moda)

El TDAH afecta sólo a los hombres

La culpa es de los padres y/o de los profesores

El TDAH siempre mejora con la edad de manera espontánea

Es un trastorno leve sin consecuencias futuras

Siempre hay que usar medicación

Siempre es mejor empezar por tratamientos no farmacológicos: ¡Los fármacos son peligrosos!

Los medicamentos para el TDAH predisponen a futuras adicciones.

¿Hay colegios para niños con TDHA?

Muchos padres se hacen esta pregunta ¿Hay colegios para niños con TDAH o pueden los niños con TDAH ir a colegios normales? La verdad es que los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) suelen tener problemas de comportamiento y dificultades de aprendizaje. Ambos son igual de importantes y condicionan la evolución del trastorno. La intensidad de la hiperactividad, de la impulsividad y de la falta de atención, condicionarán el comportamiento del niño dentro del aula y su relación con sus profesores y sus compañeros. Durante los primeros años de vida los problemas de conducta es lo que más preocupa a los padres. Posteriormente los problemas de aprendizaje suelen ir ganando protagonismo y acaban siendo lo más importante para el niño y la familia. A veces, cuando el síntoma que predomina es el déficit de atención el diagnóstico se retrasa considerablemente.

Cada vez los niños se escolarizan antes y para las familias con niños con TDAH puede ser muy estresante pensar cómo les va a ir en el colegio donde pasan un buen número de horas cada día y tienen que ir adquiriendo conocimientos, hábitos de estudio y aprender a relacionarse con sus compañeros y profesores. ¿Se portarán mal dentro del aula, en el recreo, en el comedor o en las actividades extraescolares? ¿Serán capaces de seguir el ritmo de aprendizaje de sus compañeros? ¿Entenderán los profesores sus características y peculiaridades? ¿Recibirán apoyo y comprensión o por el contrario serán castigados en exceso o ignorados? ¿Cumplirá el centro educativo las expectativas de la familia y del niño?
En definitiva la elección del centro educativo para estos niños es de gran importancia y genera muchas dudas e incertidumbres a la familia.

¿Existen colegios para niños con TDAH?

Sí, pero son escasos y no van a estar disponibles para la mayoría de los niños que padecen el trastorno. Estos colegios tienen un departamento especializado que facilita la integración y la formación del alumno con TDAH a través de programas específicos. En ellos la atención suele ser individualizada y flexible adaptándose a las necesidades de cada niño.

¿Cuáles son las características ideales del colegio para los niños con TDAH?

  • Que el niño pueda recibir una educación lo más personalizada e integradora posible en su centro educativo más cercano.
  • Que el número de niños por aula no sea demasiado elevado.
  • Que el profesorado conozca el trastorno le ayudará a ser más flexible y poder adaptarse a las necesidades del alumno con TDAH. La formación sobre aspectos básicos del TDAH es necesaria para el colectivo docente. Cuanto más sepan más podrán ayudar.
  • La escuela es un lugar de aprendizaje académico y social. Es importante que el niño se encuentre cómodo en su centro educativo y que tenga un grupo de amigos con los que pueda compartir juegos, aficiones y actividades extraescolares.
  • Se debe facilitar que el niño tenga compañeros cercanos dentro de aula y poder contactar con ellos cuando se tengan dudas o al niño se le haya olvidado anotar las tareas en la agenda escolar.
  • Buscar un entorno escolar que sea motivador y que busque las fortalezas del alumno. Siempre habrá alguna faceta en la que destaque.
  • El profesorado debería ser cercano tanto al niño como a la familia y estar dispuesto a colaborar si se le solicita un informe sobre su rendimiento y comportamiento o que rellene algún cuestionario si lo pide su pediatra o médico de forma adecuada (por escrito).
  • Que el centro disponga de un Equipo de Orientación Psicopedagógica (educación infantil y primaria) o un Departamento de Orientación (educación secundaria) que pueda valorar a los niños con dificultades académicas o de comportamiento detectadas por el profesorado o por la familia. Éste emitirá un informe de evaluación psicopedagógica del que pueden derivar recomendaciones sobre intervenciones dentro del aula y si el alumno necesita apoyo educativo. También puede elaborar un Dictamen de Escolarización cuya finalidad es determinar la modalidad de escolarización que se considera más adecuada y si es necesaria una adaptación curricular.
Respecto a las actividades extraescolares se debería tener en cuenta los gustos del niño buscando alguna que le resulte placentera y motivadora.

Recomendaciones sobre la relación entre los padres de niños con TDAH y sus profesores

  • Procurar que la relación sea lo más cordial posible.
  • Mostrarse comprensivo y colaborador con el profesor.
  • Tratar de evitar los enfrentamientos. Culpar al profesor no suele servir para arreglar la situación. Las reuniones con el profesor no se deben convertir en una discusión con reproches por ambas partes, hay que pensar en el bien del niño. Buscar los aspectos positivos.
  • Al empezar el curso, informar detalladamente de las características del niño.
  • Si se dispone de algún informe del pediatra o del especialista se debe facilitar al profesor.
  • Pedir citas o tutorías regularmente para estar informados sobre la evolución del niño. Hay que anticiparse, no esperar a que llamen cuando las cosas van mal.
  • Si el profesor se muestra receptivo y tiene interés, explicarle en qué consiste el TDAH. También se le puede ofrecer información por escrito o alguna página web que sea fiable y desmonte la mayoría de los mitos y falsas creencias sobre el trastorno, como TDAH y Tú o Las Vidas de Mario.
  • Pedirle consejo sobre aspectos que se deben reforzar y trabajar en casa.
  • Solicitarle si es posible que ponga en marcha algunas medidas básicas que pueden mejorar el rendimiento del niño como sentarlo alejado de puertas y ventanas, lo más cerca posible del profesor; transmitirle instrucciones directas, breves y sencillas; darle tiempo extra para completar un trabajo o un examen cuando sea posible; supervisarle la agenda escolar; utilizar los refuerzos positivos felicitándole por sus éxitos y progresos.
  • Cuando el alumno tiene muchos profesores pedirle al tutor que medie con los otros profesores a los que se conoce menos o es más difícil acceder.
  •  Es importante tener en cuenta que a lo largo de su vida académica el niño tendrá muchos profesores. Unos serán más comprensivos y empáticos que otros. Por otro lado hay que entender que los profesores también tienen presiones de todo tipo. Hay que ser pacientes y no desanimarse.

¿Es recomendable que un niño con TDAH repita curso?

En la mayoría de los casos repetir curso no es la solución para el alumno con TDAH. La decisión de si el niño repite o no debe ser individualizada teniendo en cuenta varios factores:
  • grado de inmadurez de niño,
  • nivel de competencias curriculares adquiridas,
  • autoestima,
  • motivación,
  • nivel de integración en el aula y en el colegio
  • opinión de los padres.

Si el niño va a repetir curso suele ser aconsejable que lo haga en las etapas educativas más tempranas con la idea de revertir cuanto antes su desfase curricular.

¿Es una solución cambiar al niño con TDAH de colegio?

Cuando los padres entiendan que el colegio no se adecúa a las necesidades educativas de su hijo con TDAH o no lo trata de forma adecuada, pueden solicitar el cambio, aunque el curso escolar se haya iniciado ya. En este caso sí que sería conveniente que antes de dar este paso conocieran bien las características del nuevo centro y que se aseguraran de que éste si cumple con las características adecuadas para atender a alumnos con TDAH.
En los casos de problemas de conducta importantes, enfrentamiento entre alumnos o acoso escolar los padres deben informarse de si el centro educativo dispone de un Plan de Convivencia. La mediación trataría de prevenir y resolver los conflictos que pudieran plantearse en el centro entre los distintos miembros de la comunidad educativa.

CONSEJOS VUELTA AL COLE

10 consejos para la vuelta al cole

TRATAMIENTO DEL TDHA

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¿Qué es el tratamiento psicopedagógico?

El tratamiento psicopedagógico del TDAH es un recurso muy importante para responder adecuadamente a las necesidades educativas específicas que puedan tener los alumnos con TDAH, procurando comprender los procesos de enseñanza y aprendizaje en el contexto escolar y extraescolar. El objetivo de este tratamiento es conseguir que el alumno aprenda de una forma más efectiva.
Como ya hemos visto, el TDAH no sólo afecta a la conducta, sino que también afecta a nivel cognitivo. Esto quiere decir, que debemos ayudar al niño con TDAH a que compense esta dificultad a través de diversas habilidades. La enseñanza de estas habilidades es lo que entendemos por tratamiento psicopedagógico.

Formación de los profesores

El colegio como hemos mencionado en Detectar el TDAH en el colegio, es un entorno ideal para detectar el trastorno y esencial para su manejo. Por ello es fundamental que los docentes reciban información y formación sobre el trastorno, para que estén alerta para la detección ante las posibles señales y que sepan cómo atender a cada uno de sus alumnos en función de las necesidades, para mejorar el rendimiento en el aula y favorecer un entorno apropiado para el aprendizaje.

Intervenciones psicopedagógicas

Anticipar

En este caso se trabaja sobre la capacidad de prepararse para realizar una actividad o una tarea. De esta forma, el niño con TDAH puede evitar mediante la realización de un listado, por ejemplo, que se le olviden los materiales que va a necesitar para realizarla.

Planificar

Desarrollando la capacidad del niño de establecer los diferentes pasos que tiene que realizar para alcanzar un objetivo. Este trabajo de planificación también le va a ayudar a fragmentar las tareas y que le resulte más sencillo finalizar lo que empieza.

Monitorizar

Se pretende desarrollar la capacidad del alumno de monitorizar su actuación durante el desarrollo de una tarea de acuerdo con las instrucciones que se han dado. Se puede monitorizar durante la tarea o después de haberla realizado, corrigiendo la acción que no se haya hecho correctamente.

Organizar

Tener una agenda de la cual se lleve un control frecuente ayuda a recordar las tareas pendientes y los materiales necesarios. Es muy útil también organizar un esquema de asignaturas y aulas, para poder anticipar el cambio antes de que se produzca.

Evaluaciones

Adaptar las evaluaciones para que les sea más sencillo completar los exámenes es una medida que puede tener un impacto muy positivo en sus resultados. Por ejemplo, dejarles un poco más de tiempo para terminarlo, dejar que hagan los exámenes en un entorno más tranquilo o dejar que se levante cada cierto tiempo.

Rutina

Los niños con TDAH pueden enfrentarse a menudo a muchas dificultades en la jornada escolar debido a sus problemas de atención y comportamiento. Establecer una buena rutina en el colegio puede:
– facilitar la interiorización de una estructura que permita la diferenciación entre cada asignatura, profesor y aula.
– ayudar a que el niño esté a tiempo en clase con los deberes y materiales adecuados.
– favorecer que el niño esté más centrado y le resulte más sencilla la consecución de tareas.

Evaluación del aprendizaje

Evaluar el aprendizaje, reconocer los avances y facilitar comentarios al respecto es especialmente importante en el entorno escolar. Las observaciones positivas del profesor, aunque los logros sean muy pequeños, pueden ser alentadoras y mejorar la autoestima y la motivación de lo niños.
Puede ser útil tener en cuenta en la valoración:
– un reconocimiento más informal de las conductas positivas que ayudan al aprendizaje diario, como por ejemplo, estar atento en clase.– los deberes  y tareas que se han completado.

Aunque los niños con TDAH tengan los conocimientos apropiados para obtener buenas notas en los exámenes, les puede resultar complicado adaptarse al formato y a los tiempos establecidos. Esto suele ser causado por: distracciones constantes, problemas para gestionar el tiempo, dificultad en el inicio de las tareas y para recordar hechos concretos.
Aplicar otros métodos de evaluación puede ofrecer al niño más oportunidades de demostrar sus conocimientos. Como pruebas basadas en conversaciones y proyectos, en lugar de pruebas escritas.
Si la evaluación debe ser por escrito estas son unas recomendaciones que pueden ayudarle a obtener mejores resultados:
– Concederle más tiempo.
– Colocar a los niños que dispongan de más tiempo para realizarlo en un aula aparte para evitar distracciones y conflictos entre compañeros.
– Realizar exámenes tipo antes de la evaluación real.
– Colocar al niño en un sitio lejos de distracciones.
– Leer en voz alta las preguntas e instrucciones antes del inicio de la evaluación.
– Hacer hincapié en los elementos que pueden causar confusión dentro del examen.

tratamiento psicológico del TDAH tiene como objetivo ayudar a pacientes y familia a manejar los síntomas del trastorno y el impacto que éstos puedan tener en su vida diaria.
La intervención psicológica se debe realizar en el paciente y su entorno familiar. En función de las necesidades del paciente y las condiciones individuales se creará un plan de tratamiento personalizado.
Según la Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH en niños y Adolescentes hay dos terapias que han demostrado evidencia científica para el TDAH: la terapia conductual y la cognitiva.
También recomienda la terapia cognitivo-conductual como tratamiento inicial cuando se den las  situaciones siguientes:
  • TDAH leve
  • Impacto mínimo del TDAH en la vida del niño
  • Los padres y los profesores discrepan mucho sobre la frecuencia de los síntomas.
  • Los padres rechazan el tratamiento con medicación.
  • En los niños que sean menores de 5 años.

Terapia conductual

Analiza la conducta e identifica los factores que hacen que la conducta sea inadecuada, se determinan las conductas que se desea cambiar y se establecen unos objetivos. A partir de ahí se organiza un plan para ir modificando el comportamiento que se quiere eliminar.

Técnicas operantes

Refuerzo positivo
Es un procedimiento mediante el cual se presenta un estímulo “bueno” (algo que le gusta o le interesa) después de la realización de una conducta aumentando la probabilidad de que la conducta vuelva a producirse.
Economía de fichas
Este sistema establece una serie de conductas específicas y unos premios que se podrán conseguir al respetarlas. Esta técnica pretende fomentar las buenas conductas (reforzamiento positivo – al conseguir fichas) y disminuir las conductas indeseadas (castigo negativo – al perder fichas).
Extinción
Es el modelo más utilizado para reducir una conducta. Se trata de disminuir la respuesta reforzada a un comportamiento indeseado, para lo cual es fundamental determinar qué es lo que está reforzando ese comportamiento, para dejar de reforzarlo.
Tiempo fuera
Está técnica pretende privar al niño de cualquier reforzador que pueda tener en el contexto de una mala conducta, aislándolo durante un corto período de tiempo (1 a 5 minutos). Se le debe explicar previamente al niño (sin mostrar mucha atención) que su comportamiento no es el correcto y que dispone de un momento aislado para reflexionar sobre ello.
Sobrecorrección
Se aplica cuando hay un comportamiento negativo y se le pide que rectifique lo que ha hecho mal y restaurar el daño que ha hecho. En el caso de la sobrecorreción de práctica positiva, la persona que ha hecho algo mal, debe repetir una conducta positiva que se le indique.

Terapia cognitiva

La cognición está compuesta de procesos como el aprendizaje, la atención, la memoria, la toma de decisiones… Y la terapia cognitiva lo que pretende es identificar cuáles de estos procesos están creando problemas, y trabaja para cambiarlos por otros más adecuados.

Autoinstrucciones

Es una técnica de cambio de comportamiento en el que se modifican los pensamientos, sustituyéndolos por otros que pueden ser más útiles y efectivos para alcanzar los objetivos o metas que se proponga el paciente. Estas autoinstrucciones se las da el paciente a sí mismo, para dirigir de esta forma su forma de actuar: “Voy a escuchar al profesor”, “Tengo que cruzar la calle con cuidado”…

Técnicas de autocontrol

Gran parte de los problemas de autocontrol se pueden corregir aprendiendo a moderarse para reducir comportamientos impulsivos que son inmediatamente gratificantes, pero que a medio plazo no son beneficiosos.
Para realizar un programa de autocontrol, se pueden seguir los siguientes pasos:
– Detectar cual es el problema y establecer los objetivos que se quieren conseguir.
– Comprometerse a modificar su propia conducta.– Registrar los datos e identificar las causas del problema.– Diseñar y aplicar un programa de tratamiento del problema.– Prevenir la recaída y lograr que la mejora perdure.

Técnicas de inhibición de respuesta

Básicamente este entrenamiento consiste en “párate y piensa”, que consiste en realizar un entrenamiento ante una señal visual de stop para inhibir una respuesta y tomar decisiones. 
Pararse
De esta forma se inhibe la respuesta que inicialmente íbamos a tener. En ese momento hay que analizar qué es lo que ha ocurrido y tomar consciencia de la situación.
No actuar
Entrenar así la capacidad de demora, controlando el impulso y recapacitando sobre la respuesta adecuada que se debe dar.
Pensar
Pensar en cómo se puede solucionar el problema y las alternativas posibles, y las consecuencias que pueden tener cada una de ellas.
Planificar
Decidir cuál de las alternativas es la mejor y decidir cómo se debe actuar.
Actuar
Es importante mantener la atención frente a la distracción o la tentación de hacer algo.
Autoevaluación
Esta etapa es fundamental para seguir aprendiendo y también para valorar cómo hemos gestionado la situación.

Técnicas de resolución de problemas

La terapia de resolución de problemas es una estrategia de intervención clínica que consiste en la presentación y práctica de un método estructurado en una serie de pasos, con el objetivo de ayudar al paciente a resolver sus propios problemas, mejorando las competencias sociales y disminuyendo el malestar psicológico que éste pueda padecer.

Imaginar el pasado y el futuro
El paciente debe visualizar en su mente el recuerdo de una situación del pasado similar a la que en ese momento debe enfrentarse. El psicólogo va a ayudar al paciente a fijarse en los estímulos significativos y apropiados de la situación que nos dan información sobre lo que está pasando y sobre cómo actuar. La ayuda a analizar el significado.

Autoevaluación reforzada
Además de aprender a autoevaluarse, en este paso se trabaja el que el paciente sea capaz de realizar una valoración más objetiva y ajustada a la realidad de las cosas que hace y de cómo reacciona antes ellas.

Vigilancia cognoscitiva
Permite trabajar la conciencia de atención del paciente. Se utiliza el sonido de una campana a intervalos regulares para enseñarle a responder ante ese estímulo recordándole que debe estar atento a la tarea que está llevando a cabo para poder resolverla correctamente.

Entrenamiento en habilidades sociales

¿Qué son habilidades sociales?

Sonreír – Saludar – Hacer favores – Cortesía – Ayudar – Cooperar – Compartir – Unirse al juego – Iniciar, mantener y terminar conversaciones – Expresar y recibir emociones – Saber defender derechos y opiniones asertivamente – Identificar y solucionar problemas.

Como ya hemos visto, es probable que las personas con TDAH tengan problemas relacionados con el manejo de las habilidades sociales. Esto implica problemas para relacionarse de forma satisfactoria con los demás, familiares, pareja, hermanos, compañeros de colegio o trabajo.
Cuando hablamos de estas dificultades que desarrollan los niños con TDAH y que influyen en sus relaciones a lo largo de su vida, hablamos de un problema que viene de un escaso desarrollo de habilidades como la empatía, la asertividad, la comunicación verbal y no verbal, la negociación o la resolución de conflictos sociales… Que son imprescindibles para regular las relaciones sociales y evitan que se desarrollen conductas inadecuadas, que pueden acarrear rechazo por parte de los demás, burlas, críticas, etc.

Para mejorar estas habilidades sociales, se emplean técnicas de terapia cognitivo-conductual, generalmente en grupo, trabajando aspectos como:
– Autoestima, comunicación emocional.
– Entrenamiento en asertividad.– Reglas de sociabilización.– Entrenamiento en conductas prosociales.– Habilidades de competencia social.

Entrenamiento para padres


El entrenamiento para padres y la intervenciones a nivel familiar han demostrado ser efectivas en muchas ocasiones. Las sugerencias que se hacen a continuación sólo pretenden establecer un marco de trabajo que sirva de guía para trabajar la relación paternofilial mediante una mejor comunicación y atención al desarrollo del niño con TDAH.9

En el entrenamiento para padres se trabaja sobre los siguientes puntos:

– Identificar las situaciones que generan problemas específicos y los problemas de comportamiento que generan. Así como los elementos que precipitan las conductas disruptivas. Es importante registrar la evolución constantemente.
– Analizar las consecuencias positivas y negativas de los comportamientos apropiados y no apropiados con los padres.
– En el caso de que en la relación padre-hijo se produzcan muchos roces y pocas interacciones positivas, se trabaja para reforzar las habilidades de los padres durante las sesiones para el mejor manejo de las situaciones.
– Enseñar a los padres métodos de comunicación efectiva para establecer normas y llevar el mando (establecer contacto visual, dando órdenes de una en una, dando órdenes en un contexto positivo…).
– Establecer consecuencias negativas apropiadas para cada problema de comportamiento específico. Las consecuencias deben estar estrechamente relacionadas con el problema en sí.
– Utilizar sistemas de economía de fichas para los problemas de conducta constantes. Los padres pueden así aprender a penalizar y recompensar conductas negativas y positivas.
– En el caso de problemas de conducta más graves, se enseña a emplear técnicas de tiempo fuera. Es importante comprender bien cómo funciona y cómo debe emplearse para que no se convierta en un castigo sin aprendizaje.