¿A qué debo estar atento cuando mi hijo comience a tomar la medicación para el TDAH?
Por norma general, cuando se indica por primera vez un fármaco en pediatría, es importante que los padres estén atentos a cualquier tipo de cambio experimentado por sus hijos en relación al inicio del mismo (bien sean cambios positivos o negativos), y que exista una comunicación fluida con el médico que lo prescribe. En este sentido, la información detallada por parte del especialista acerca de las ventajas e inconvenientes de estos fármacos, de los eventuales efectos secundarios que pueden aparecer durante el tratamiento, y de cómo actuar ante los mismos, resulta de fundamental importancia para tranquilizar a la familia y que el tratamiento pueda realizarse correctamente.
Por ejemplo, en el caso de los medicamentos para el TDAH, la disminución del apetito suele ser un efecto secundario frecuente y que aparece de forma prácticamente constante al inicio del mismo. Y aunque suele preocupar mucho a los padres, en la mayoría de los niños no suele ser un problema grave si se administran las tomas preferentemente después de las comidas, se realizan unos controles clínicos regulares y se siguen una serie de recomendaciones nutricionales por parte del especialista.
Otro efecto al inicio del tratamiento puede ser la dificultad para conciliar el sueño nocturno. No obstante acostumbra a ser un efecto transitorio que se suele controlar en la mayoría de los casos poniendo en práctica unas pautas de conducta y estableciendo unas rutinas de sueño específicas.
En algunos niños también puede observarse cierto nerviosismo, irritabilidad o labilidad emocional. Estos síntomas suelen ser transitorios y se pueden minimizar con un escalado lento de las dosis. La persistencia de dichos efectos o una elevada intensidad de los mismos nos deben hacer replantear el diagnóstico y descartar la presencia de otros trastornos.
Ahora bien, es muy importante ser conscientes de que por lo general los efectos de la medicación para TDAH en niños, no se hacen notar hasta pasados unos 20 a 45 minutos (siendo este tiempo variable en función de la persona), y que no desaparecen hasta pasadas unas horas (4,8 o 12 horas dependiendo del fármaco y de las diferentes presentaciones que estemos utilizando). Esto quiere decir que si se administra un medicamento cuya duración es de 4 horas a las 8 de la mañana, y el comportamiento del niño es desastroso a las 2 de la tarde, esto no significa que el tratamiento haya fracasado, sino que el medicamento para el TDAH no estaba activo en el organismo del niño cuando aparecieron las conductas problemáticas.
En todos estos casos (o siempre que su hijo manifieste algún efecto secundario que le llame la atención o que le preocupe), no dude en comunicárselo inmediatamente a su médico tratante, para que este pueda tomar las medidas que considere oportunas, bien sea cambiando de medicamento o ajustando la pauta farmacológica, para que esta tenga una “mayor cobertura” a lo largo del día.
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